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miércoles, 30 de abril de 2014

De nuestros tiempos y rebelarse…


 
“Estamos diseñados para ser cazadores y estamos en una sociedad de compradores. Ya no hay nada que matar, ni para pelear, nada para triunfar, ni que explorar. En esa castración social este cualquiera es creado”.

David Fincher

El argumento es sencillo; un hombre sin ilusiones, sin nombre. Un hombre que no se rebela, cuyo nombre no se revela. Sufre de un insomnio provocado por el hastío y la enfermedad de su gris y rutinaria vida. Conoce a un carismático personaje con una muy particular filosofía de vida: “El perfeccionismo es para los débiles, la autodestrucción es lo único que hace que la vida merezca la pena”.
 
The Fight Club (El Club de la Pelea, 1999), es considerada una obra maestra de Fincher y una de las mejores cintas de Brad Pitt.  Aunque no agradó del todo después de los primeros años de su estreno, llegó a ser todo un filme de culto después de su lanzamiento en DVD. En 1999, fue de las pocas películas que dieron tema de qué hablar, incluso medios de comunicación la abordaban como un posible augurio del estado al que mutaría la vida política estadounidense. Actualmente, sigue en la décima posición de la Internet Movie Data Base (IMDB) cómo una de las mejores películas de la historia.
 
¿Recuerdas la última vez que miraste la báscula al pesarte por la mañana?, ¿hace cuántas horas fue?, ¿pagaste ya la hipoteca?, ¿comes frutas y verduras?, ¿café negro, descafeinado? Gomina en el pelo; vestido y traje de diseñador, impecables, sin una sola arruga. Coche del año tipo sedán con tenencia pagada y medio tanque de gasolina.
 
La agrupación inglesa Radiohead fue considerada para trabajar el soundtrack de la película. A Fincher le preocupaba que la banda sonora pudiera atar los cabos de la historia y reflejara su sentido posmoderno. The Dust Brothers, el dúo californiano de productores al que han recurrido numerosos proyectos musicales como Beastie Boys, Beck y White Zombie, fueron los elegidos para llevar a cabo el proyecto.
 
Sintetizadores, techno oscuro, scratches, funk siniestro y electrónico; demencia, humor negro, sensualidad y catarsis. Una banda sonora fuera de lo convencional. The Fight Club entrega un mensaje contundente en contra de la sociedad de consumo en la que vivimos; así también el trabajo musical para el filme, una banda sonora convencional no cabría en las atmósferas visuales presentadas, una realización que invita al oyente a abrir su mente y disfrutar de una nueva experiencia en cuanto a creatividad musical.
 
The Dust Brothers fue también el nombre que utilizaron los británicos The Chemical Brothers antes de entrar pleito con los californianos en 1995, cuando los ingleses iniciaron su primera gira internacional, la cual incluía fechas en Estados Unidos.

Somos producto y materia de un sistema que nos dicta consumir, comprar; en una franca y abierta obsesión por los bienes materiales los cuales adquirimos para “vivir mejor”. Grandes almacenes con anaqueles repletos de productos que “facilitan” la vida, ¿cómo escapar? Destruir para crear. La película, en palabras del propio Fincher es un recorrido por el sendero de la iluminación, donde el protagonista “mata”, a sus padres; “mata” a su Dios, haciendo cosas que se supone no debería hacer y finalmente madura “matando” a su maestro.
 
Marla y Tyler son proyecciones de nuestro subconsciente más radical, nihilista y romántico. Mira cómo Jack aparece en escenas realistas e insulsas, mira cómo Tyler “brilla” y se “desenfoca” a la vez, mira como Marla posee a momentos el aura de un ángel.
 
A los 30 te cae el 20, llega una especie de despertar; hiciste las cosas como te enseñaron a hacerlas, luego te rebelaste, ahora haces las cosas o a tu modo o finalmente cediendo a los paradigmas que bien aprendiste durante infancia y adolescencia. En el fondo siempre quisiste saber qué es el sufrimiento en realidad, por eso buscas la cercanía con él a cada oportunidad, con morbo, con necesidad; hasta que ser víctima se vuelve una adicción. En el fondo sabes que siempre quisiste destruir el mundo y sembrar el caos. En el fondo sabes que nunca lo harás. Ahora sólo contemplas.  Un hombre que no se rebela, cuyo nombre no se revela, ¿serás tú?
 
Corte a créditos y suena “Where is my mind?” de The Pixies.

 

miércoles, 16 de abril de 2014

De vivir en un mundo donde se nos oculta la verdad…


 
“El mundo en el que vivimos no es real, ha sido puesto frente a nuestros ojos como un placebo para ocultarnos la verdad”, es el postulado de uno de los mejores filmes noventeros de ciencia ficción. The Matrix (1999), revolucionó la cinematografía con la introducción del “bullet time”. Este recurso visual, aunque fue utilizado con anterioridad en otras cintas (Jumanji, 1995), no fue sino hasta The Matrix que llamó la atención y cobró popularidad entre los creadores. La cinta se convirtió en todo un referente en el género de ciencia ficción; sus escenas, diálogos, argumentos, han sido recreados y emulados un sinfín de ocasiones en otras películas realizadas posteriormente. Sin embargo, esta idea de irrealidad y engaño en el mundo en el que vivimos que postula la cinta, siempre ha existido; gracias a los medios de comunicación, a los intereses políticos y económicos, a nuestros líderes mundiales.
Rob Zombie lanzó su Hellbilly Deluxe un año antes de The Matrix; el primer sencillo de este disco fue “Dragula”; el corte está inspirado en el drag racer del mismo nombre que apareció en el sitcom estadounidense The Munsters. “Dragula” se incluye en el soundtrack de The Matrix como un remix titulado “The Hot Rod Herman Remix” en referencia al episodio de The Munsters donde aparece el bólido.
¿Alguna vez has tenido un sueño que pareciera que fuera real?, ¿y qué si fueras capaz de poder despertar?, ¿cómo sabrías la diferencia entre ese sueño y el mundo real? El hombre creó y desarrolló la Inteligencia Artificial, y fue ésta quien se encargó de generar una simulación virtual, una ilusión colectiva interactiva. Los medios se volvieron hacia el hombre como la máquina. En un mundo ordinario y común, vas al trabajo, asistes a fiestas, pagas tus cuentas, vives… como un esclavo. Con un cable “enchufado” al cerebro somos cultivados para alimentar y dar energía a la máquina.
Las secuencias de acción de la cinta no pueden pensarse siquiera si no son acompañadas con la música de The Prodigy, Meat Beat Manifesto (MBM), Rob Dougan (Rob D). Sintetizadores, drum & bass, trip hop, techno, dub, industrial; atmósferas completamente electrónicas, ideales para el filme.
Todavía después de una trilogía completa; una serie de videojuegos, cortos animados y cómics y una serie de disertaciones filosóficas animadas por la densidad de los diálogos escritos por los hermanos Wachowski, quizá sigamos preguntándonos ¿qué es The Matrix? Cuando ésta es más que evidente frente a nuestros ojos; ¿trabajamos para vivir o vivimos para trabajar? El salvaje capitalismo y la globalización han hecho que se pueda jugar con la economía de un país apostando en el mercado de valores; agotamos nuestros recursos naturales y buscamos maneras absurdas y artificiales para sustituirlos; pasamos saliva amarga tras escuchar la información y las noticias escupidas por medios de comunicación que son propiedad de monopolios, oligopolios, integraciones verticales. Tragamos sin procesar, deglutimos; somos carne en “la parrilla”, “the grid”.
“Rock is dead”, de Marilyn Manson; alude al postulado de uno de los pensadores contemporáneos más influyentes del siglo XIX, Friedrich Nietzsche, “Dios ha muerto”. Así ha sido para la cultura occidental; ha muerto para ser sustituido por los medios de comunicación, por aquellos que se han encargado de democratizar la estupidez, la banalidad y el consumismo.
El grito de Zack De la Rocha y Rage Against The Machine, “Wake up”, cierra la cinta y llama al despertar. Nada mejor que abrir los ojos con un grito que desgarra la garganta y la guitarra de Tom Morello lanzando acordes metaleros y émulos de scratches. La agrupación siempre se caracterizó por su activismo social; letras rotundas y una clara posición contra la globalización, el capitalismo y la guerra.
¿Dónde está el elegido?, ¿quién podrá cambiar The Matrix a voluntad? Y cuando éste llegue y pueda cumplir ese propósito, ¿quién nos asegura que no mutará en un pervertido dictador como los que ya conocemos?
Sabemos que estamos siendo vigilados. Teléfonos intervenidos, cuentas monitoreadas, control económico a base de impuestos estúpidos, control social a dosis de televisión. ¿Qué eliges, la pastilla roja o la azul?
 

jueves, 10 de abril de 2014

De las decisiones y vivir la vida en el abismo…

 
Mark y Spud atraviesan Princes Street a zancadas, un par de guardias de seguridad los persiguen. Decisiones, todo en la vida se reduce a tomar decisiones; vida, empleo, carrera, familia, salud, hipoteca, amistades. Amistades, Mark nos presenta a su círculo cercano; Sick Boy, Tommy, Begbie; a Spud ya lo hemos mencionado, se escucha “Lust for life” de Iggy Pop y Mark declara que si de elecciones de trata, él ha elegido no elegir la vida, ¿las razones?, no las hay, ¿quién necesita razones cuando tiene heroína? Joven lujurioso, siente deseo apasionado, apetito descontrolado.
“Lust for life” fue uno de los dos discos que David Bowie produjo para Iggy Pop. “La Iguana”, había estado recluido en una institución para enfermos mentales como resultado de su exacerbado consumo de drogas después de cerrar capítulo con The Stooges. Bowie lo “rescató” para llevarlo a Berlín en una especie de intervención. El corte quedó como anillo al dedo para la introducción de la obra maestra de Danny Boyle “Trainspotting” (La vida en el abismo, 1996).
 
El término “Trainspotting” es utilizado en el argot escocés para referirse al acto de buscar una vena para inyectarse heroína, el término anglosajón se utiliza para referirse a la afición de observar trenes. Fin a primera acotación al margen.
 
Regresando al asunto de las elecciones, ahora Mark ha elegido meterse un par de supositorios de opio provistos por Mikey Forrester, un punk cuya única posesión parece ser un colchón que descansa sobre el suelo en una lúgubre habitación. La situación es cómica, él busca algo que lo “coloque” y para poder lograrlo tendrá que “darse por el culo”. Nuevamente, las elecciones y sus consecuencias. Suena “Habanera” de la ópera Carmen de Bizet.
 
El filme está basado en la novela con el mismo título de Irvine Welsh. El escritor aparece en la película haciendo el papel de Mikey Forrester, el punk proveedor de supositorios de opio. Segunda acotación al margen.
 
“Deep blue day” de Bian Eno mientras Mark se sumerge en un retrete buscando los supositorios de opio que supone ha defecado. Más consecuencias de las propias elecciones.
 
Hasta aquí el filme se ha vuelto denso y bastante pacheco, a estas alturas parece que ya captamos bien la idea del planteamiento de Boyle y el escrito de Welsh, ¿para qué elegir un modelo de vida? Seguir a la masa y llevar una vida normal es complicado. Vivir al día, individual y sin controversias puede ser la opción para un junkie enganchado.
 
Cuando su lanzamiento, la película provocó una serie de controversias, alguien dijo que fomentaba el uso de drogas en los jóvenes. La realidad es que su éxito se debió al abordaje crudo y real acerca de dicho tema. Acotación al margen número tres.
 
Mark mira un video porno grabado por Tommy, en él aparecen éste y su novia Lizzy; en ese momento tiene una suerte de epifanía y se da cuenta que quizá lo que necesita en su patética vida es una pareja sentimental. En la discoteca suena “Temptation” de Heaven 17, la banda que se formó a inicios de los 80 con dos de los miembros originales de The Human League. Mark conoce a la voz de su conciencia personificada en Diane.
 
Mientras Mark se desintoxica encerrado en su habitación, escuchamos “Dark & Long” de la banda inglesa de música electrónica Underworld. “Born slippy”, de la misma agrupación ha sido uno de los máximos éxitos comerciales de la banda, la cual mostraba en ese año de 1996 una notable madurez musical logrando un espectacular efecto al mezclar techno, house, elementos pop y drum & bass.
 
Mark está limpio pero aburrido y en depresión, su amigo Tommy tiene VIH y muere poco tiempo después por toxoplasmosis, eligió no limpiar los desechos de su gato. Con los amigos que quedan en el grupo, Sick Boy, Spud y Begbie; se aventura a un deal de heroína que les hace ganar un botín de 16,000 libras. Buen pretexto para inyectarse una dosis, dejar la rehabilitación y elegir verificar la pureza del producto. La verdad es que Mark nunca se regenerará; es un junkie enganchado, a los vicios, a una existencia cíclica y vana, a lo patético de su vida y a la mala calidad de sus elecciones.
 
“Transpotting” es considerada todo una pieza de culto. Danny Boyle declaró en algún momento la intención de filmar una secuela 10 años después, quería esperar a que los actores envejecieran visiblemente. De esos 10 años ya han pasado 18. Acotación al margen número cuatro y punto final.